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Nuevas piezas en el puzle de la covid-19: silencio y que corra el aire
En la segunda ola de contagios ya conocemos evidencias que permiten tomar medidas adaptadas a cada contexto. Así, no tiene sentido cerrar parques ni centros culturales seguros. La mayoría de los brotes surgen en espacios cerrados donde hablamos o gritamos, como restaurantes, discotecas, lugares de culto o de trabajo. En ellos urge una buena ventilación, uso de mascarillas y distancia interpersonal más amplia.
Soy tan partidario de la disciplina del silencio que podría hablar horas enteras sobre ella». George Bernard Shaw (1856-1950), dramaturgo.
Mientras en España experimenta una preocupante segunda ola de contagios por el SARS-CoV-2, seguimos abordando la pandemia desde las premisas de las que partíamos cuando se decretó en marzo el estado de alarma y apenas intuíamos la complejidad del rompecabezas.
Aunque muchas piezas permanecen en la caja, ya hemos sacado algunas que, puestas en su lugar, permitirían tomar medidas más selectivas y adaptadas a cada contexto, descartando las que ya no encajan o estaban mal colocadas.
Por ejemplo, un nuevo confinamiento equivaldría a matar moscas a cañonazos. Como para contagiarnos hace falta contactar con una persona infectada de forma estrecha —a menos de dos metros— y prolongada —durante al menos 15 minutos—, es muy improbable infectarnos dando un paseo o corriendo por la calle. Sin embargo, como espada de Damocles, esa artillería pesada sigue barajándose si todo se nos va de las manos.
Por eso tampoco tiene sentido clausurar la actividad cultural, cerrar los parques y jardines públicos o las zonas de juego para niños, restringir más el aforo de las playas, las terrazas de los bares o de la mayoría de actividades que se realizan en exteriores, porque no detectamos brotes vinculados a ellas.
Tampoco es razonable limitar el número de personas que se pueden reunir en exteriores con la misma medida que se aplica en interiores, porque ya sabemos que el factor de riesgo fundamental para contagiarse es el tiempo que pasamos en espacios cerrados, donde la probabilidad de contagio es casi 20 veces superior.
Tampoco lo es recomendar en todo contexto mantener dos metros de distancia con los demás, porque en espacios cerrados sin ventilar se quedan muy cortos, mientras resultan excesivos en la terraza de un café.
Resulta contradictoria la obligatoriedad de usar mascarillas al aire libre —salvo en las grandes aglomeraciones—, mientras que no tiene sentido que se pueda prescindir de ellas en los interiores de los restaurantes, que son uno de los principales focos de infección.
Los pilares de nuestra respuesta deberían estar basados en el hecho de que en cierta medida el SARS-CoV-2 se propaga por el aire, lo que denominamos transmisión aérea o airborne transmission. También en la plausible hipótesis de que esta sea su principal vía de contagio en especial en los espacios cerrados, epicentros de los mayores brotes de la infección.
A efectos prácticos, la transmisión aérea implica que en interiores podemos contagiar y contagiarnos aun manteniendo dos metros de distancia. Este riesgo lo podemos minimizar usando mascarillas, con una adecuada ventilación, limitando el aforo y permaneciendo en ellos poco tiempo, tranquilos y en silencio.
El tamaño de las gotas importa
Las infecciones respiratorias, como la covid-19, la gripe, el sarampión, o la varicela se transmiten mediante secreciones que las personas infectadas emiten al respirar, hablar, toser o estornudar y que contienen gérmenes. Estas secreciones varían en tamaño, desde el mayor de las gotículas (de entre 5 y 10 micras de diámetro), hasta el más pequeño de los aerosoles (menor o igual a 5 micras).
Las primeras, más pesadas, caen al suelo cerca de nosotros —la mayoría a menos de dos metros de distancia— y podrían contagiarnos si contactan con nariz, boca u ojos. Han sido consideradas hasta ahora por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la principal vía de contagio de la covid-19 porque la mayor parte se dan en ese rango de proximidad. En cambio, los aerosoles quedan flotando en el aire durante minutos u horas, facilitando su inhalación durante más tiempo y a mayor distancia, como el humo de un cigarrillo —que también es un aerosol y sirve de metáfora visual—.
La controversia científica sobre la transmisión por gotas o aerosoles puede ser exasperante, pero a diferencia de la ignorancia, el racismo, el partidismo o la ideología, es imprescindible para entender el problema y ponerle solución
Aunque esta división en tamaños es arbitraria porque exhalamos partículas en todo ese amplio rango, tradicionalmente la comunidad científica ha entendido que la transmisión aérea hace referencia a infecciones que se contagian mucho mediante aerosoles a una gran distancia de la persona infectada. Recomiendo ver la magnífica Estallido de Wolfgang Petersen (Outbreak, 1995) para entender este concepto que implica que nos contagiamos respirando aire contaminado por gérmenes y es típica de algunos mucho más contagiosos que el SARS-CoV-2, como el sarampión o la tuberculosis.
Esta diferencia de contagiosidad está generando un intenso debate conceptual y una importante resistencia a asumir que el nuevo coronavirus también se transmite por el aire, como es probable que hicieran otros que le precedieron, el SARS-CoV-1, que causó el SARS en 2003, y el MERS-CoV, responsable del MERS en 2012.
Hace unos días, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE UU avivaron el debate al añadir en sus guías que los aerosoles son “la forma principal de propagación del virus”, un cambio del que más tarde se retractaron, aduciendo que habían publicado un borrador no definitivo. “Se cree que se propaga principalmente a través del contacto de persona a persona”, volvía a decir la nueva versión.
Para establecer normativas adecuadas y que resulten aceptables a la ciudadanía, o para decidir qué nivel de riesgo estamos dispuestos a asumir, debemos profundizar en este lógico y apasionante debate. Porque la controversia científica puede ser exasperante, pero a diferencia de la ignorancia, el racismo, el partidismo o la ideología, es imprescindible para entender el problema que abordamos y ponerle solución.
La historia (y el porqué) de la polémica
La OMS asumió en julio cierta transmisión aérea en “algunos entornos cerrados, como restaurantes, clubes nocturnos, lugares de culto o centros de trabajo donde la gente puede estar gritando, hablando o cantando”. Este reconocimiento llegó tras la petición de un nutrido grupo de científicos atmosféricos en una carta publicada en Clinical Infectious Diseases. “Las personas pueden pensar que están completamente protegidas al adherirse a las recomendaciones actuales, pero se necesitan intervenciones adicionales sobre la transmisión aérea para reducir aún más el riesgo de infección”, insistían los expertos.
“Los brotes de superpropagación, en los que una persona infecta a muchas otras, ocurren casi exclusivamente en lugares cerrados”, señalaba uno de sus firmantes, el profesor de química e investigador José Luis Jiménez, en una reciente tribuna en El País. “Estos brotes, que se creen son los que sostienen la pandemia, se explican fácilmente si tenemos en cuenta los aerosoles y son muy difíciles o imposibles de explicar considerando solo las gotículas o los fómites como las principales vías de contagio, como sostiene la OMS”, concluía este experto.
Los fómites que menciona Jiménez son las superficies contaminadas por el virus, como el pomo de una puerta, la fruta del mercado o los botones del ascensor. No obstante, esta vía de contagio parece menos relevante de lo que pensábamos fuera de contextos sanitarios, en donde la cantidad de virus en superficies es mayor debido a la acumulación de enfermos. Según los CDC, “no se cree que esta sea la forma principal de propagación del virus”.
Se cree que el riesgo de transmisión por una superficie se concentra en las dos horas siguientes a que alguien infectado tosa sobre ella, tras lo cual el virus dejaría de ser infectivo. La higiene de manos es más importante que dejarlo todo como los chorros del oro
En The Lancet, el profesor de microbiología, bioquímica y genética molecular Emanuel Goldman considera que la probabilidad de transmisión por fómites es “muy pequeña” y que el riesgo se concentra en las dos horas siguientes a que alguien infectado tosa sobre una superficie, tras lo cual el virus dejaría de ser infectivo.
Cabe recordar que el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) solo recomienda usar guantes en contextos sanitarios. En cualquier otro lugar lo que hay que hacer es lavarse las manos con regularidad y evitar tocarse la cara. Es decir, la higiene de manos es más importante que dejarlo todo como los chorros del oro.
Rociar suelos y paredes con desinfectante no tiene sentido y —además de dejar puertas y ventanas abiertas para disipar los aerosoles— bastaría con cerrar un comercio, una oficina o un colegio durante la noche para que al día siguiente no quedase virus infectivo en ninguna superficie sin necesidad de hacer desinfecciones exhaustivas diarias. Esos protocolos de limpieza a los que el periodista de The Atlantic Derek Thompson ha denominado “el teatro de la higiene” podrían además darnos una falsa sensación de seguridad y desviar el tiempo, la atención y los recursos necesarios para abordar medidas más efectivas.
Por otro lado, hasta la fecha la OMS y la mayoría de organizaciones sanitarias consideran que la principal vía de propagación de la covid-19 son las gotículas respiratorias de saliva y moco que, como proyectiles, contagiarían en los contactos estrechos de al menos 15 minutos. Sin embargo, una creciente evidencia respalda que la clave en la trasmisión, incluso en esas distancias cortas, son los aerosoles. De hecho, en la mayoría de eventos de supercontagio resulta inverosímil pensar que el individuo infectado haya podido estar 15 o más minutos a menos de dos metros de cada una de las decenas o centenares de personas que se contagian.
Una de las primeras investigaciones que apuntan a esta posibilidad se llevó a cabo en dos hospitales de Wuhan, origen de la pandemia, y se publicó en Nature a finales de abril. Los investigadores encontraron poca cantidad de ARN del SARS-CoV-2 en aerosol en las habitaciones ventiladas de los pacientes frente a una cantidad mayor en los baños, peor ventilados. Una de las últimas se ha llevado a cabo en otro hospital de Florida y no solo encontró material genético del virus, sino virus completos con capacidad infectiva a casi 5 metros por encima de dos pacientes con covid-19.
Desconocemos la cantidad de coronavirus necesaria para infectarnos, pero la distancia a la que se huele el humo del cigarrillo de un fumador indica la distancia a la que se pueden inhalar aerosoles infecciosos
De finales de junio es una tribuna en Science en la que tres expertos ya apuntaban que “una gran proporción de la propagación de la covid-19 parece ocurrir mediante aerosoles producidos por individuos asintomáticos durante la respiración y el habla”. Consideraban también que, en parte, la transmisión aérea podría justificar las altas tasas de transmisión entre el personal sanitario y los grandes brotes en las residencias de ancianos.
Estos expertos criticaban que las recomendaciones de los CDC sobre la distancia de dos metros se basan en estudios llevados a cabo en la década de 1930, cuando no existía tecnología para detectar las partículas tan pequeñas. Desconocemos la cantidad de coronavirus necesaria para infectarnos y es difícil definir una distancia segura en interiores, pero usaban el siguiente símil: “La distancia a la que se huele el humo del cigarrillo de un fumador indica la distancia en ese entorno a la que se pueden inhalar aerosoles infecciosos”.
Así, cuanto más próximos estemos de alguien infectado y más tiempo permanezcamos a su lado, mayor dosis del SARS-CoV-2 llegará a nuestros pulmones y más riesgo tendremos de contagiarnos.
Qué implica en la práctica
Para empezar, si asumimos que los aerosoles están jugando un papel clave en la difusión de la covid-19, es fácil comprender que en una sala con puertas y ventanas cerradas o en la que el aire acondicionado solo hace recircular el aire, nos vamos a contagiar con más facilidad que en la calle, donde a poco que corra la brisa los aerosoles se dispersan rápido. Teniendo esto en cuenta y que el nuevo coronavirus puede quedarse algunas horas ‘flotando’ adherido a aerosoles en lugares mal ventilados, deberíamos realizar toda actividad que lo permita al aire libre y ventilar ampliamente los interiores, en los que tendríamos que ser mucho más estrictos con el uso de mascarillas.
A la inversa, podríamos flexibilizar las restricciones en las actividades de menos riesgo. Estas son las que se desarrollan en exteriores y las que se llevan a cabo en interiores pero se están demostrando seguras, como las culturales.
Una adecuada ventilación es fundamental, con medidas que incluyen mejorarla si es necesario con filtros de alta eficiencia HEPA y la desinfección del aire con luz ultravioleta, abrir puertas y ventanas durante todo el tiempo que sea posible, evitar la recirculación de aire y limitar la cantidad de individuos que comparten el mismo entorno.
Volviendo al confinamiento, este fue efectivo en España porque limitó los contactos de personas en espacios públicos cerrados, no porque encerrar a la gente sea una medida imprescindible en caso de rebrote masivo o transmisión comunitaria generalizada, como la que se da estos días en Madrid y otras áreas urbanas. En esa circunstancia tendría más sentido como medida extrema clausurar los espacios públicos de más riesgo: locales de ocio nocturno, interiores de restaurantes, algunos centros laborales, gimnasios, etc.
Deberíamos realizar toda actividad que lo permita al aire libre y ventilar ampliamente los interiores, en los que tendríamos que ser mucho más estrictos con el uso de mascarillas
Pero durante aquel periodo y como comenté en una tribuna anterior, en los centros de salud de toda España atendíamos a decenas de miles de personas con sospechas de la infección que seguían contagiándose en sus domicilios. Pese a que muchos lo perciben de forma errónea como seguro, el ámbito doméstico es el lugar de contagio por excelencia, correspondiente con un tercio de los diagnósticos, si bien estos brotes suelen afectar a un menor número de individuos.
Dado que solo identificamos el origen del brote en tres de cada cinco casos (el 57,3 %), es imprescindible reforzar de una vez por todas la abandonada atención primaria y los exiguos sistemas de vigilancia epidemiológica y rastreo de contactos para tener una foto más precisa de los lugares o actividades de más riesgo. La aplicación de rastreo Radar COVID también contribuirá en este sentido.
Brotes en espacios cerrados mal ventilados
Pero, teniendo en cuenta los brotes que podemos detectar y aunque el riesgo cero no exista, ya sabemos que nuestro gran problema no son las playas, ni las manifestaciones, ni los conciertos de rock o los partidos de fútbol en un estadio, ni —mal que me pese— las corridas de toros.
Los datos demuestran que la inmensa mayoría de los brotes en España están relacionados con lugares cerrados: domicilios, centros sanitarios o asistenciales, locales de ocio nocturno, centros laborales o de convivencia en condiciones de hacinamiento, peores entornos laborales y habitacionales de los barrios desfavorecidos, interiores de restaurantes, etc.
Toda la experiencia internacional apunta en el mismo sentido. Al inicio de la pandemia, casi el 95 % de los contagios diagnosticados en Singapur se produjeron en los dormitorios hacinados de los trabajadores migrantes, mientras que en China casi el 80 % de los brotes se dieron en domicilios. EE UU tiene la epidemia fuera de control, pero no se detectaron brotes relevantes tras las grandes manifestaciones antirracistas que siguieron a la muerte de George Floyd (#BlackLivesMatter), sino tras fiestas en espacios interiores y tras las celebraciones familiares de festividades nacionales como el Memorial Day o el 4 de julio.
Un estudio que analizó los brotes en Japón hasta abril excluyendo a los ocurridos en domicilios encontró que estos se dieron en centros sanitarios (30 %), seguidos de residencias de ancianos, restaurantes, lugares de trabajo, eventos musicales, gimnasios y celebraciones ceremoniales. Solo un caso se documentó relacionado con el transporte, en un avión.
El problema se centra en los espacios cerrados no ventilados en los que pasamos tiempos prolongados, donde se concentran los enfermos o las personas vulnerables, o en los que la gente habla, canta, grita, respira fuerte o está agitada, especialmente si no usamos mascarilla y nos aglomeramos. Pues bien, todo ese perfil apunta a la transmisión aérea.
Resulta paradójico que sea en los interiores de los restaurantes, los bares de copas o los gimnasios, contextos que favorecen eventos de supercontagio, donde se nos está permitido no usar mascarilla
Las discotecas, las clases de fitness o los ensayos de coros son contextos que favorecen eventos de supercontagio. Como ejemplo nacional tenemos el brote que afectó a 27 de 52 cantantes del coro del Teatro de la Zarzuela. Esto se debe a que la agitación o un volumen alto de voz aumentan la intensidad de nuestra respiración y la cantidad de virus que exhala quien está infectado, así como la que inhalan los demás, que en esos entornos también están respirando con intensidad. De forma progresiva, cuanto más alto hablemos o cantemos, más virus expulsamos.
Resulta paradójico que sea precisamente en los interiores de los restaurantes, los bares de copas o los gimnasios donde se nos está permitido no usar mascarilla; o donde prescindimos de ella al encontrarnos en un contexto que nos otorga una engañosa sensación de confianza. Llama la atención que haya quien culpe a los jóvenes de los rebrotes en España, obviando que las normativas vigentes y algo tan humano como la confianza en amigos, seres queridos y compañeros sean un coladero para el coronavirus.
La experiencia constata que hay espacios cerrados en los que el riesgo es menor. Así, los brotes son raros en los que solemos pasar menos tiempo (minutos frente a horas), como los comercios de alimentación o las tiendas de ropa, o en aquellos en los que las personas nos mantenemos tranquilas, en silencio o hablando en voz baja, como en museos, galerías de arte, bibliotecas, librerías, cines, o teatros. Por este motivo la cultura es segura.
Del mismo modo y pese a que nos agobie ir en metro en hora punta en un contexto pandémico, el transporte público urbano también se ha demostrado seguro para sus pasajeros. Francia o Japón no han detectado brotes vinculados al metro, los tranvías, los autobuses urbanos, o los trenes de cercanías. Tampoco lo ha hecho España. Aunque en estos espacios es más difícil identificar un eventual brote, en el metro la mayoría de la gente pasa pocos minutos en un mismo vagón, estos se ventilan con la apertura de puertas en cada parada y casi todo el mundo viaja con mascarilla, tranquilo y en silencio. Por el contrario, sí se han detectado brotes en transportes colectivos de mayor distancia en los que la gente pasa más tiempo junta, oficinas o restaurantes en los que no existía buena ventilación.
Comprar el pan en un comercio con puertas abiertas y con mascarilla entraña un riesgo mucho menor que quedar con diez amigos en un restaurante en el que vamos a charlar sin mascarilla
Podemos concluir que existe una gradación del riesgo que convierte unos lugares en bastante seguros y otros en muy arriesgados. Así, comprar el pan en un comercio que tenga sus puertas abiertas y en el que pasemos escasos minutos con mascarilla entraña un riesgo mucho menor que quedar con diez amigos en un restaurante en el que vamos a charlar sin mascarilla durante horas. En lo referente al contagio, ese interior será más arriesgado que hacer un botellón en la calle.
Del mismo modo, ir al cine tendrá menos riesgo que asistir a un monólogo y este menos que escuchar a una coral, contexto en el que merecería hacer pruebas de forma regular a los intérpretes para descartar infecciones asintomáticas.
Aprender a valorar el riesgo
Teniendo en cuenta esa transmisión aérea, disponemos ya de herramientas para calcular el riesgo según el contexto. Un análisis interesante se acaba de publicar en The BMJ. Estos expertos argumentan que el SARS-CoV-2 podría viajar en forma de aerosol 7 u 8 metros desde una persona infectada y que, por tanto, las reglas de distanciamiento interpersonal deben tener en cuenta múltiples factores. Para facilitarnos la vida, establecen una gradación del riesgo con colores de forma que se proporcione “una mayor protección en los entornos de mayor riesgo, pero también una mayor libertad en entornos de menor riesgo, lo que podría permitir un retorno a la normalidad en algunos aspectos de la vida social y económica”.
La epidemia podría reagudizarse con la reactivación de la actividad laboral y educativa del otoño. Si prescindimos de medidas inútiles, adaptamos la distancia interpersonal al contexto, priorizamos la higiene de manos frente a la de superficies, ventilamos bien, promovemos el silencio y somos más rigurosos con el uso de mascarillas, no solo vamos a controlar la pandemia, sino a minimizar el impacto de la de gripe que se va a solapar con aquella en invierno.
También se debe definir con claridad qué parte de la actividad social y económica se puede reiniciar con razonable seguridad y con qué sectores hay que tomar medidas más estrictas que, a su vez, se podrán flexibilizar si garantizamos una óptima ventilación. Esto facilitará centrar atención y ayudas para realizar reformas en los sectores más afectados.
Por último, no podemos abordar la pandemia sin atajar la desigualdad y la precariedad, porque la covid-19 no nos afecta a todos del mismo modo. Hay grupos vulnerables y personas con condiciones de vida que favorecen el contagio y necesitan planes, recursos y protecciones especiales.
Así, aunque aún no dispongamos de una vacuna efectiva, podemos dibujar una figura menos sombría para los próximos meses que nos ayude a coexistir con el virus. Iremos encontrando nuevas piezas que tracen un camino más llevadero, como un mayor conocimiento sobre la inmunidad que deja la infección, o pruebas diagnósticas más ágiles y baratas para identificar casos y facilitar su aislamiento. Pero las autoridades nacionales e internacionales deben asumir el papel fundamental de la transmisión aérea del SARS-CoV-2, porque solo promoviendo la higiene de manos y una distancia social estandarizada no vamos a detener la pandemia.
Imagina tu propio caso
Y ahora solo basta con utilizar nuestra imaginación. ¿Qué medidas tendría sentido desarrollar?
- Limitar el acceso a interiores de bares o restaurantes en lugares con transmisión comunitaria generalizada o brotes descontrolados. En estos espacios dos metros de distancia interpersonal son insuficientes y debemos mantener las mascarillas el máximo tiempo posible, así como limitar los tiempos de permanencia. Puertas y ventanas deberían estar abiertas aunque sea molesto si los sistemas de ventilación no renuevan el aire.
- Detraer espacio urbano del tráfico para dárselo a los peatones y ampliar los espacios de terrazas para bares y restaurantes.
- En entornos sanitarios, las pantallas faciales pueden reducir la exposición de los ojos como vía de contagio por las gotículas, con lo que su uso añadido a las mascarillas FPP2 o equivalentes en estos contextos es recomendable.
- Promover el silencio en los espacios cerrados; utilizar sistemas de megafonía o amplificación de la voz para dar clase en gimnasios o centros educativos; permitir en interiores de restaurantes el acceso de comensales individuales o parejas que se lo digan todo con la mirada y fomentar que los grandes grupos bulliciosos coman en terrazas exteriores; evolucionar del Coche en Silencio de RENFE al Tren en Silencio.
- Recomendar hablar por el móvil en exteriores o en las estancias más amplias, desocupadas y mejor ventiladas; no gritar al aplaudir en los teatros, ni al animar en los partidos de fútbol; mantener abiertas las ventanillas de los taxis.
- Realizar los ensayos de artes escénicas al aire libre o en salas amplias y bien aireadas. Fomentar los rodajes en exteriores, o en platós grandes con buena ventilación.
Aser García Rada es pediatra, doctor en Medicina (UCM), actor y periodista freelance.
Fuente/Sinc Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable,#Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente,#ECOXXI
Desarrollo Sostenible
El litoral “de Puerto Montt a Cabo de Hornos representa el 37% de todas las costas de Sudamérica”.

Paulo Moreno, investigador del CIEP , doctor en Ciencias de Ecosistemas Marinos del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la Patagonia explica la importancia del agua dulce para la integridad ecosistémica de los fiordos de la Patagonia, únicos por sus características y ubicación geográfica.
La belleza natural de la Patagonia chilena es ya ampliamente reconocida. Los glaciares del Parque Nacional Torres del Paine, el Santuario de la Naturaleza de las Capillas de Mármol, sus estepas, y la Laguna San Rafael, junto a su imponente geografía y clima extremo, la elevan como uno de los mayores atractivos turísticos del país.
Pero la zona austral no es sólo pampa, glaciares y lagos. Es también mar y litoral. Sus fiordos, únicos en el sur global, son clave para mantener la armonía ecosistémica y la cadena trófica que permite la vida en el planeta.
Paulo Moreno, doctor en Ecosistemas Marinos de la Universidad de Genova (Italia) y actualmente se desempeña como Investigador Residente en el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP). Su trabajo se ha enfocado en cuantificar y generar modelos relacionados con el vínculo entre los sistemas terrestres, de agua dulce y los marinos interiores (fiordos). En sus investigaciones ha podido cuantificar el aporte de agua dulce que fluye hacia el océano.
En palabras sencillas, ¿qué es un fiordo y cuáles son sus características?
Un fiordo es una entrada de agua marina, larga y estrecha en el continente, influenciada por el agua dulce proveniente de los ríos. Esto genera una doble capa de agua con diferentes densidades, el agua dulce en la superficie y el agua salada debajo de esta.
Esa agua dulce lleva minerales y elementos esenciales para la productividad de algunas algas. Por ejemplo, los suelos volcánicos tienen mucho sílice, y cuando éste se diluye en los ríos y llega al mar, es fundamental para las diatomeas, que son la base de la cadena trófica marina. Si hay poco sílice, pueden proliferar otras microalgas, como algunos tipos de dinoflagelados que son responsables de los florecimientos de algas nocivas. Esto muestra la conexión directa entre la cantidad de agua dulce y la vida marina, en estos ecosistemas.
¿Cómo se genera este espacio de fiordos en la Patagonia chilena?
Desde el punto de vista geográfico, lo que sucede en la Patagonia es que la depresión intermedia, como la conocemos en el resto de Chile, se hundió y está cubierta por mar. Esto generó mares interiores, y una red de canales, fiordos e islas, lo que a su vez crea una gran cantidad de costas.
Es tal la importancia de esta zona, que si se cuentan todos los límites costeros desde Puerto Montt hasta Cabo de Hornos, esta distancia representa aproximadamente el 37% de todas las costas de Sudamérica.
En términos ecosistémicos y de biodiversidad, ¿cuáles son los aportes de los fiordos?
La principal característica de los fiordos y canales es que no hay muchas zonas similares en el mundo. Tenemos ejemplos en Noruega, Suecia, Finlandia y Canadá, pero en el hemisferio sur, bajo el paralelo 40, no hay otras masas de tierra que repliquen estas condiciones.
Esto genera una conexión muy rápida entre los ecosistemas terrestres y marinos. Por ejemplo, en algunos sectores llueve y en menos de un día esa agua llega al mar. Sin embargo, hay lugares en Patagonia donde una gota de agua puede tardar más de 100 años en llegar al mar, como en el Lago General Carrera. Esto demuestra la enorme variabilidad del territorio.
La conexión entre los ecosistemas que mencionas, desmitifica la tristemente célebre frase «el agua de los ríos se pierde en el mar», que es un argumento usado para potenciar proyectos, como la Carretera Hídrica. ¿Cuál es tu perspectiva cómo científico?
En la naturaleza todo está interconectado, y el agua que fluye al mar es parte de un ciclo vital. Por ejemplo, el carbono que viene de los bosques también es clave para la productividad marina.
Un dato impresionante que hemos podido cuantificar es que en la Patagonia caen aproximadamente 700 km³ de agua dulce al mar cada año, lo que equivale a un cubo de agua cuya arista es del tamaño de la distancia entre Santiago y Valdivia. Antes se estimaba que sólo el 0,2% del agua dulce global provenía de Patagonia, pero nuestros estudios indican que alcanza al 2%.
¿Cómo contribuyen los fiordos patagónicos a la biodiversidad marina y terrestre? ¿Existen especies que dependan de estos ecosistemas?
Hay una gran cantidad de especies endémicas que aún no se han estudiado completamente. Cada fiordo es único, con diferentes niveles de agua dulce, radiación y mezcla de aguas. Es un error hablar de la Patagonia como un territorio uniforme, hay que hacer estudios específicos en cada sector.
En el contexto actual de crisis climática y considerando el aumento de conflictos socioambientales en la Patagonia, ¿cuáles son las principales amenazas para estos ecosistemas?
Estamos en un proceso de cambio global debido al calentamiento climático. Se estima que al norte de Aysén disminuirá la precipitación, mientras que al sur aumentará. Además, el cambio de uso de suelo también afecta el agua y la productividad marina.
Debemos preguntarnos si nuestras líneas base actuales de producción son sostenibles. No sabemos si estamos al límite de lo que los ecosistemas pueden soportar.
En ese sentido, ¿existen estrategias de protección que se están implementando y cuáles crees que deberían implementarse para preservar los fiordos?
La protección debe considerar todo el sistema: cuencas, ríos y fiordos. Los ríos nos dan una «radiografía» de lo que ocurre en la tierra; por ejemplo, un exceso de nutrientes en el agua puede ser señal de una actividad agropecuaria descontrolada.
En tus estudios, ¿has encontrado evidencias de contaminación en los fiordos?
En general, los ríos de Patagonia están en buen estado, con niveles de contaminación muy bajos. Solo algunas zonas, como la cuenca de Aysén, presentan niveles un poco más altos debido a la cercanía con centros urbanos, pero sin llegar a ser dramáticos.
Entiendo que aún no están contaminados, pero existen amenazas latentes, ¿crees que estamos en el momento idóneo para avanzar en su protección?
Totalmente, no hay que esperar a que se deterioren para protegerlos, debemos actuar ahora. Estos ecosistemas pueden servir de línea base para comparar con otras cuencas que si se encuentran con problemas en Chile.
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Desarrollo Sostenible
ARGENTINA Y CHILE HACEN HISTORIA CON LA PRIMERA TRANSLOCACIÓN BINACIONAL DE FAUNA SILVESTRE

15 choiques o ñandúes patagónicos son translocados entre ambos países, para aportar a la diversidad genética de la población del Parque Nacional Patagonia Chile.
Esta es la primera vez que se realiza la captura y traslado de animales de origen silvestre de un país latinoamericano a otro con fines de conservación.
En un hito para la recuperación de especies amenazadas, Rewilding Argentina y Rewilding Chile, organizaciones legado de Tompkins Conservation, concretaron la primera translocación internacional de fauna silvestre en Latinoamérica. Trasladaron 15 ñandúes patagónicos (Rhea pennata) desde el Parque Patagonia Argentina, en la provincia de Santa Cruz, hasta el Parque Nacional Patagonia Chile, en la región de Aysén, para reforzar una población que, hasta hace 15 años atrás, estuvo al borde de la extinción local con menos de 20 individuos.
El choique es una especie emblemática de la estepa patagónica, clave para la regeneración del ecosistema gracias a su rol en la dispersión de semillas. Sin embargo, en la región de Aysén, Chile, sus poblaciones han disminuido drásticamente debido a la sobreexplotación ganadera, la persecución por perros, la caza y la destrucción de nidos. Aunque la distancia entre ambos parques es de solo 90 km, barreras como alambrados, cercos ganaderos, entre otros, limitan su desplazamiento natural, lo que hace necesaria esta intervención.
Un trabajo conjunto por la conservación
Los individuos trasladados provienen de una población saludable en el Parque Patagonia Argentina, donde los esfuerzos de conservación de Rewilding Argentina, con el apoyo de la Fundación Freyja, han permitido su recuperación. «Hemos seleccionado individuos de una población en buen estado de conservación, asegurando un impacto mínimo en el grupo original y contribuyendo a restaurar la especie en Chile», explica Sebastián Di Martino, Director de Conservación de Rewilding Argentina. A través del uso de tecnología GPS y telemetría, se está ampliando el conocimiento sobre sus hábitos y ecología espacial.
Por su parte, Cristian Saucedo, Director de Vida Silvestre de Rewilding Chile, destaca la relevancia de esta acción: «Hasta ahora no existían protocolos específicos para recuperar especies mediante la colaboración entre países a través de sus fronteras. Este hito demuestra que, por necesidad, nuestros sistemas institucionales pueden evolucionar y responder de manera más dinámica a la crisis de biodiversidad».
La translocación de los choiques implicó rigurosos controles sanitarios para mitigar cualquier riesgo, especialmente ante la preocupación por la influenza aviar. Cada ave pasó por exámenes veterinarios, muestreos y un período de cuarentena, tanto en Argentina como en Chile. Finalmente, fueron transportadas en un camión especial hasta su nuevo hogar en el Parque Nacional Patagonia en Chile, donde completarán su proceso de adaptación en corrales de pre-suelta antes de ser liberadas.
El ministro de Agricultura de Chile, Esteban Valenzuela, destacó cómo el esfuerzo conjunto entre países, liderado por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), logró coordinar los aspectos sanitarios y de control fronterizo para la exportación y cuarentena de los ñandúes. «Esta iniciativa, que une lo público y lo privado y a países fronterizos en favor de la conservación, podría convertirse en un modelo para futuras acciones que permitan a las especies amenazadas regresar a los ecosistemas donde alguna vez prosperaron, contribuyendo así a enfrentar con decisión la crisis de biodiversidad» enfatizó el ministro Valenzuela.
Una acción pionera para la conservación en Latinoamérica.
A nivel mundial, las translocaciones para la conservación se han convertido en una herramienta clave para restaurar especies en peligro. Sin embargo, en Latinoamérica su uso ha sido limitado. Este primer caso de translocación internacional de fauna silvestre en la región marca un precedente y refuerza la necesidad de una mayor cooperación entre países para enfrentar la crisis de biodiversidad.
«Hoy alcanzamos un hito histórico para el rewilding. Si queremos revertir la crisis de extinción masiva, la cooperación internacional es fundamental. Me siento muy orgullosa del trabajo de nuestras organizaciones y espero que esta acción amplíe nuestras esperanzas para la restauración de la naturaleza, porque la naturaleza no conoce fronteras», celebra Kristine Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation.
Este esfuerzo conjunto ha sido posible gracias a la colaboración de las provincias de Santa Cruz, el Ministerio de Agricultura del Gobierno de Chile, la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF), el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), SENASA, Servicio de Aduanas, Seremi de Transportes de la región de Aysén y las Fundaciones Rewilding Argentina, Freyja y Rewilding Chile.
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Desarrollo Sostenible
Día Mundial del Agua: IMPORTANCIA, RELEVANCIA Y PROYECCIONES PARA UN FUTURO SOSTENIBLE

El Día Mundial del Agua, celebrado cada 22 de marzo, es una fecha establecida por las Naciones Unidas (ONU) en 1993 para concienciar sobre la importancia del agua dulce y promover su gestión sostenible. Este día surge como respuesta a la creciente preocupación por la escasez hídrica, la contaminación y el acceso desigual a este recurso vital.
En un mundo donde más de 2,200 millones de personas no tienen acceso a agua potable segura, esta conmemoración busca impulsar acciones que garanticen su disponibilidad para las generaciones futuras, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente el ODS 6: Agua limpia y saneamiento para todos.
¿Por qué se celebra el Día Mundial del Agua?
El agua es un recurso finito y esencial para la vida, la agricultura, la industria y los ecosistemas. Sin embargo, su disponibilidad está en riesgo debido a:
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Sobreexplotación de acuíferos
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Contaminación por plásticos, químicos y aguas residuales
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Cambio climático (sequías, inundaciones y alteración de ciclos hidrológicos)
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Desigualdad en el acceso (países en desarrollo vs. países industrializados)
La ONU designó esta fecha para fomentar la cooperación internacional, promover tecnologías sostenibles y educar sobre prácticas de conservación hídrica.
Importancia y Relevancia del Agua
1. Para la Vida Humana
El agua es indispensable para:
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Consumo humano (hidratación, higiene y saneamiento).
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Producción de alimentos (riego agrícola representa el 70% del uso global).
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Salud pública (la falta de agua limpia propaga enfermedades como el cólera).
2. Para los Ecosistemas
Los ríos, humedales y océanos albergan biodiversidad y regulan el clima. Su degradación afecta a:
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Flora y fauna acuática.
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Ciclos de nutrientes.
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Calidad del suelo y aire.
3. Para la Economía Global
Industrias como la energética (hidroeléctrica), manufacturera y turística dependen del agua. Su escasez podría generar pérdidas económicas de billones de dólares anuales.
Hitos Importantes en la Gestión del Agua
A lo largo de la historia, varios acuerdos y avances han marcado la lucha por su conservación:
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1992: Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (primera gran discusión global sobre agua y sostenibilidad).
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2000: Objetivos del Milenio (reducir a la mitad la población sin acceso a agua potable).
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2015: Acuerdo de París (vincula cambio climático con seguridad hídrica).
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2018: Década Internacional del Agua (2018-2028) para acelerar soluciones sostenibles.
El Agua y la Sostenibilidad
La gestión sostenible del agua implica:
✅ Reducir la contaminación: Tratamiento de aguas residuales, prohibición de plásticos de un solo uso.
✅ Tecnologías eficientes: Sistemas de riego por goteo, recolección de agua de lluvia.
✅ Protección de ecosistemas: Restauración de humedales, reforestación de cuencas hidrográficas.
✅ Políticas públicas: Legislación contra el despilfarro, tarifas justas, inversión en infraestructura.
Proyecciones Futuras
Según la ONU, para 2030, la demanda de agua superará la oferta en un 40% si no se actúa. Las soluciones clave incluyen:
🔹 Inversión en infraestructura verde (represas naturales, humedales artificiales).
🔹 Agricultura inteligente (cultivos resistentes a sequías).
🔹 Desalinización solar (uso de energías renovables para potabilizar agua de mar).
🔹 Educación ciudadana (reducir el consumo doméstico).
Beneficios de una Gestión Sostenible del Agua
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Medio Ambiente: Menor estrés hídrico, conservación de biodiversidad.
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Desarrollo Sostenible: Comunidades resilientes, seguridad alimentaria.
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Planeta: Mitigación del cambio climático (el agua regula la temperatura global).
Conclusión
El Día Mundial del Agua no es solo una fecha simbólica, sino un llamado a la acción global. Garantizar su disponibilidad requiere cooperación internacional, innovación tecnológica y compromiso individual. El futuro del planeta depende de cómo gestionemos este recurso hoy.
¡Cada gota cuenta! 🌍💧
Desarrollo Sostenible
MINISTRA ROJAS, ETCHEVERRY Y VAN KLAVEREN SE REÚNEN CON MÁS DE 100 CIENTÍFICOS PARA ENRIQUECER EL ANTEPROYECTO DE NDC

El Acuerdo de París compromete a todos los países a hacer compromisos específicos para enfrentar el cambio climático y mantener la temperatura global media bajo los 2°C y hacer esfuerzos para limitarlo a 1,5°C. Este aporte es conocido como “Contribución Determinada Nivel Nacional” (NDC).
En su revisión y actualización periódica colabora el Comité Científico Asesor de Cambio Climático, que logró convocar a un centenar de investigadores para complementar su visión y ponerla a disposición del Ministerio de Medio Ambiente, el que hoy mantiene abierta una consulta ciudadana para que todas y todos podamos nutrir el anteproyecto que recoge observaciones hasta el 11 de abril.
El objetivo de este encuentro, organizado por el Ministerio de Ciencia de Tecnología, Conocimiento e Innovación, MMA y Cancillería, fue enriquecer la revisión por parte del Comité Científico de Cambio Climático -asesor del Ministerio de Medioambiente- frente al Anteproyecto de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de Chile. A través de una estructura de mesas de trabajo, se logró integrar la participación de la comunidad científica, fortaleciendo la incorporación de aportes técnicos y especializados en las discusiones sobre políticas públicas de acción climática.
Cabe destacar que esta es la primera de cuatro cumbres sectoriales que el Ministerio del Medio Ambiente está realizando en el marco de la consulta ciudadana del anteproyecto de la NDC 2025 que está recogiendo transversalmente observaciones hasta el 11 de abril.
La ministra Maisa Rojas expresó durante el encuentro que “para tener una Contribución Nacionalmente Determinada robusta, que nos identifique a todos, como Estado, como país y como sociedad completa tenemos que entender, asumir, comprometernos y sentirnos parte de ella. Por eso estamos haciendo estas cumbres sectoriales, la que realizamos con el mundo científico es la primera de ellas. Agradezco la disposición de la academia, de los científicos y científicas de Chile para aportar con evidencia a los compromisos que tiene el país para la acción climática e invito al resto de la sociedad a tener una NDC que defina el desarrollo por los próximos 10 años. Este año se cumplen 10 años del Acuerdo de París, por lo tanto, hace que este compromiso sea muy importante”.
Los temas analizados por los participantes del encuentro fueron:
- Mitigación – Transición Energética, Forzantes Climáticos de Vida Corta.
- Mitigación – Residuos, Economía Circular.
- Adaptación – Seguridad hídrica y seguridad alimentaria.
- Adaptación -Salud infraestructura y asentamientos humanos.
- Transición Socioecológica Justa, Medios de Implementación y Gobernanza
- Integración: Bosques, Turberas, Ecosistemas, y Océano
La reunión presencial fue complementada con mesas virtuales realizadas entre el 5 y el 12 de marzo con la participación de la comunidad científica de diferentes regiones. Estas permitieron a la comunidad científica analizar el Anteproyecto de la NDC, discutir las evidencias científicas relevantes, identificar posibles interconexiones temáticas y proponer indicadores clave para evaluar y dar seguimiento a cada temática de la NDC. Este trabajo fue complementado en el encuentro presencial del 17 de marzo y las conclusiones serán incorporadas en un “Informe Previo” que será presentado al Ministerio de Medio Ambiente antes del cierre de la consulta ciudadana (11 de abril).
El encuentro se realizó en la Cancillería, donde el ministro Alberto Van Klaveren comunicó que «la contribución de Chile en materia de emisiones es muy menor, 0,28% aproximadamente, y la verdad es que nuestra posición no es necesariamente un reflejo de esa contribución, sino que es la conciencia de que estamos frente a un problema de carácter global, uno de los grandes desafíos que se plantean a nivel global, y que constituye, por cierto, también un tema prioritario para nuestra política exterior”.
Por su parte, la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación y vocera (s) de gobierno, Aisén Etcheverry, expresó que “en un mundo convulso, donde se cuestiona la relevancia del cambio climático, Chile destaca gracias a una comunidad científica activa y comprometida. Tenemos la responsabilidad de impulsar políticas públicas basadas en evidencia y rigor».
El Comité Científico Asesor de Cambio Climático está formado por once especialistas y su tarea permanente es recoger evidencia científica que aporte a las discusiones sobre políticas públicas de acción climática. De acuerdo a la Ley Marco vigente desde 2022, éste brinda asesoría al Ministerio de Medio Ambiente y es coordinado por el Ministerio de Ciencia.
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Desarrollo Sostenible
LOS MICROPLÁSTICOS AUMENTAN LA RESISTENCIA A LOS ANTIBIÓTICOS.

Un estudio de la Universidad de Boston revela que los residuos plásticos pueden impulsar la resistencia a los antimicrobianos en E. coli sin necesidad de antibióticos. Este hallazgo subraya la importancia de abordar la contaminación plástica como una prioridad de salud pública, según los autores
A los problemas ambientales y de otra índole ocasionadas por los microplásticos, se une ahora su posible efecto en el aumento de la resistencia a los antibióticos.
Un equipo de la Universidad de Boston (EE UU) ha descubierto que estos residuos también favorecen el desarrollo de resistencia a los antimicrobianos, incluso sin la presencia de antibióticos. Los resultados del trabajo se han publicado en Applied and Environmental Microbiology, revista de la Sociedad Estadounidense de Microbiología.
“Abordar la contaminación plástica no es solo una cuestión ambiental, sino una prioridad de salud pública en la lucha contra las infecciones resistentes a los medicamentos”, afirma Neila Gross, autora principal del estudio y doctoranda en el laboratorio del profesor Muhammad Zaman en la universidad estadounidense.
Con el aumento global del uso de plásticos, la contaminación por microplásticos se ha vuelto omnipresente, especialmente en aguas residuales, que actúan como un importante reservorio de estos materiales. Al mismo tiempo, la resistencia a los antimicrobianos está en ascenso en todo el mundo, con factores ambientales que juegan un papel clave. Los microplásticos son conocidos por albergar comunidades bacterianas en sus superficies, un fenómeno denominado ‘plastisfera’.
En el nuevo estudio, los investigadores analizaron la resistencia bacteriana a niveles clínicamente relevantes y exploraron cómo las características de los microplásticos influyen en su desarrollo.
Cuatro antibióticos de uso frecuente
Para ello, utilizaron distintos tipos de plásticos (poliestireno, empleado en materiales de embalaje; polietileno, presente en bolsas de plástico con cierre hermético; y polipropileno, utilizado en cajas, botellas y frascos) y diferentes tamaños (desde 0,5 milímetros hasta 10 micrómetros, comparable a la escala de una bacteria). Luego, incubaron estos materiales con la bacteria Escherichia coli durante 10 días y cada 2 días midieron la concentración mínima inhibitoria (MIC), que indica cuánta cantidad de antibiótico es necesaria para eliminar la infección. Analizaron la resistencia a cuatro antibióticos de uso frecuente: ampicilina, ciprofloxacino, doxiciclina y estreptomicina.
Los resultados mostraron que los microplásticos, independientemente de su tamaño y concentración, favorecieron el desarrollo de resistencia a múltiples antibióticos en E. coli en un periodo de entre 5 y 10 días.
El estudio demostró que los microplásticos pueden potenciar el desarrollo de resistencia sin necesidad de antibióticos. “Esto implica que los microplásticos aumentan significativamente el riesgo de que los antibióticos se vuelvan ineficaces contra diversas infecciones de gran impacto”, explica Gross.
Resistencia inducida
Investigaciones previas se habían centrado en la resistencia inducida por los antibióticos, sin considerar el papel de contaminantes ambientales como los microplásticos. Los estudios existentes habían analizado principalmente factores como los genes de resistencia a los antibióticos (ARGs) y la formación de biopelículas, pero no habían evaluado el impacto directo en la resistencia a través de la MIC.
Los autores también encontraron que la resistencia inducida por los microplásticos y los antibióticos se mantenía estable y medible, incluso después de retirar los antibióticos y los microplásticos del entorno bacteriano. Esto sugiere que la exposición a microplásticos puede seleccionar rasgos genotípicos o fenotípicos que perpetúan la resistencia antimicrobiana sin la presión directa de los antibióticos.
“Nuestros hallazgos revelan que los microplásticos impulsan activamente el desarrollo de resistencia antimicrobiana en E. coli, incluso en ausencia de antibióticos, y que esta resistencia persiste más allá de la exposición a los microplásticos y a los medicamentos”, subraya Gross. “Esto desafía la idea de que los microplásticos son meros portadores pasivos de bacterias resistentes y destaca su papel como focos activos de evolución de la resistencia antimicrobiana”.
Dado que los microplásticos de poliestireno fueron los que facilitaron los niveles más altos de resistencia, y que la formación de biopelículas—un mecanismo que mejora la supervivencia bacteriana y la resistencia a los fármacos— tuvo una función clave, los resultados subrayan la urgencia de abordar la contaminación por microplásticos en los esfuerzos por mitigar la resistencia a los antimicrobianos concluyen los autores.
Referencia:
Neila Gross et al. Applied and Environmental Microbiology (2025)
Fuente /SINC Derechos: Creative Commons. Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
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