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LA RSC NO ES POSIBLE SIN GOBIERNOS RESPONSABLES
¿Hasta qué punto la RSC podría haber evitado o suavizado la crisis actual?
Si no la RSC sí una orientación clara de un modelo sostenible con sus tres parámetros necesarios: económico, social y ambiental. La situación actual se ha producido por la inexistencia de un proyecto de futuro. Se ha construido un modelo económico ficticio en sectores de bajo valor añadido y de ahí que tengamos 6 millones de parados, una masa laboral deficiente educativamente y un alto impacto ambiental, sobre todo en la costa. Se invirtió en sectores con grandes ganancias a corto plazo pero escasas o nulas a largo plazo y de ahí la carestía actual de ingresos por parte del Estado.
¿No es esto entender la RSC de una manera muy amplia? ¿No es ir más allá de un planteamiento sostenible, ético y responsable de la empresa?
Claro, pero la empresa no es un ámbito que funcione aislado, sino que opera en un contexto social. La empresa actúa dentro de los modelos éticos dominantes. La empresa se deja llevar por incentivos, como la política fiscal, que es uno de los principales instrumentos de los gobiernos para orientar la economía. Hay subvenciones, ayudas, incentivos que conducen y dirigen el modelo. El mensaje de los gobiernos fue, de hecho, que aquí se podía hacer mucho dinero en poco tiempo, daba igual a lo que se dedicara uno. Esa fue la atmósfera que se respiró en España durante mucho tiempo. Y no da igual: los gobiernos no incentivaron a los empresarios a promover negocios con alto valor añadido en pro de la sostenibilidad. Es cierto que la empresa no ha seguido comportamientos responsables, pero no es sólo su culpa.
Le estamos dando una gran importancia a la cultura…
Llamémosle cultura a los objetivos que inspiran las políticas de los gobiernos. Pongamos por ejemplo el aparcar en doble o triple fila. Hubo una época en que fue normal en nuestras ciudades. Si la cultura defiende que los coches puedan hacer lo que quieran, está bien, pero si de lo que se trata es de lograr un espacio urbano habitable, hay que castigar estas conductas. Y cuando los ayuntamientos las castigan, la normalidad deja de serlo, la gente se comporta de distinta manera e incluso asume unas éticas diferentes. La empresa es uno más de los actores sociales y se atiene a la cultura dominante. Y la cultura, aunque es bidireccional, tiene más fuerza e influencia de arriba abajo que de abajo arriba.
¿No es esto otorgar un peso excesivo a los gobiernos en una sociedad libre y de libre mercado?
No, primero por el factor cultural al que aludía y luego porque realmente poseen mucha influencia en las formas y en la orientación de la economía. Ahora se habla mucho de pérdida de soberanía de los gobiernos, pero siguen teniendo mucha capacidad de acción. En la época de vacas gordas, no intentaron reconducir la situación. Los recursos en Bilbao, por ejemplo, hoy sin déficit, se gestionaron de manera muy diferente a aquellos que promovieron una pista de nieve en la estepa o aeropuertos inservibles. No ha habido estrategias coordinadas ni claras hacia un modelo de desarrollo sostenible.
Parece que el gobierno ha sido más secuestrado por la idea del corto plazo que la propia empresa…
Ha sido secuestrado porque ese modelo insostenible les ha generado muchos recursos y muchos votos. Nadie quería parar. Ciertos políticos pudieron no tener medios suficientes, pero desde los gabinetes de estudios privados y públicos hasta los mecanismos supervisores sabían que ese modelo se iba a acabar, y sin embargo nadie quiso detenerlo. Eso hubiera supuesto una ruptura, un cambio de ciclo con peligrosas consecuencias, pues la pelota se había agrandado tanto que hacerlo no convenía a nadie. Y cuando llegó la ley de Economía Sostenible ya era demasiado tarde, porque ya se había pinchado la burbuja. Debería haberse diseñado quince años antes, por lo menos. Ahora el modelo está acabado, no hay ingresos y por tanto su aplicación es complicadísima.
¿Qué papel tiene la corrupción en todo esto?
Muy importante, porque los políticos y los grandes empresarios son un referente social a imitar y porque además la corrupción tiene un impacto social elevadísimo. Si cada transacción estaba grabada con un tanto por ciento en comisiones o dádivas hay una pérdida de riqueza social evidente. Pero no sólo eso: cuando los gestores dirigen sus esfuerzos por intereses espurios, personales o de partido, estos intereses pueden no corresponderse con el interés general. Pongamos un ejemplo: ¿a un gestor corrompible le interesaría invertir en educación o investigación? Pues seguramente no, pues no recibe comisión, cuando probablemente hubiera sido lo conveniente en su ámbito de decisión…
La gente achaca la responsabilidad a los bancos.
El sector financiero fue otro factor importante. El dinero no se generaba aquí, provenía del exterior, principalmente Francia o Alemania, que inyectaban ese capital a los bancos españoles, que a su vez lo hacían sobre la economía. ¿Cómo inyectaban ese dinero? Pues también de forma muy irresponsable. La forma en que se hizo tuvo un papel central en la construcción del modelo al concentrarse en construcción, suelo o el sector inmobiliario en vez de hacerlo en industria o sectores con alto I + D. Los bancos inyectaron gasolina a un modelo insostenible. Las estadísticas del Banco de España ya advertían del enorme desequilibrio entre las inversiones en sectores inmobiliarios y otros de alto añadido a favor de los primeros. Y luego había otro factor clave: el volumen de dinero necesario en España para generar crecimiento era, en algunos casos tres veces mayor que en otros países de nuestro entorno. Esto ha creado un enorme apalancamiento que ahora hay que pagar. Es decir, los bancos se han comportado con tremenda irresponsabilidad.
Pero los bancos son un actor privado, ¿cómo podemos cambiar su manera de actuación?
El problema no es que los actores sean privados o públicos, pues tenemos el caso de las Cajas, que eran prácticamente públicas. El problema va más allá, pues ambas se comportaron irresponsablemente. Aquí entramos en el papel de los reguladores y de los supervisores y aquí volvemos a la idea anterior. Probablemente no sea necesario o acertado nacionalizar bancos. Probablemente sea más acertado que el Banco de España, que además de función supervisora tiene una capacidad reguladora, hubiese reconducido esas formas de actuación. Por ejemplo, que no hubiese permitido que una caja que llevaba más de un siglo en una provincia cumpliendo una función social abriese cien oficinas en Madrid, entrando a competir con estrategias agresivas y arriesgadas. El Banco de España tiene la potestad de decir a un banco: “Oiga, desinvierta en construcción y hágalo en otra cosa, o si no dótese lo suficiente”, y al parecer no hizo lo suficiente pese a la existencia de informes que lo aconsejaban.
¿Y qué podemos hacer desde la RSC para arreglar este desaguisado?
Lo principal es cambiar la cultura. Las transformaciones vienen de un cambio cultural. Hasta ahora los referentes culturales eran personas como Díaz Ferrán, todo menos una figura respetable a seguir. Esta persona fue encumbrada no sólo por los empresarios sino también por algunos partidos políticos, entre los que tenía un gran apoyo. Hay muchas medidas que desincentivan cualquier tipo de comportamiento responsable, la amnistía fiscal, por ejemplo, o las puertas giratorias, que evidencian una estrecha vinculación entre poderes políticos y económicos, y que a menudo van en contra de los intereses generales y a favor de los intereses particulares. O el comportamiento de los partidos políticos. ¿Qué mensaje transmite el caso Bárcenas a las empresas y a la sociedad en general? Que es lícito comportarse de esta manera. La RSC no es posible sin gobiernos responsables.
Pero más en concreto…
Se necesitan un sinfín de medidas. Hay que introducir medidas regulatorias en el gobierno corporativo porque las que ha habido han sido totalmente insuficientes y hasta escandalosas: los informes de gobierno corporativo no han servido de mucho, porque se ha demostrado que los consejeros independientes no eran independientes, que las políticas de retribuciones se acordaban entre ellos mismos, los sistemas de incentivos se aprobaban por los beneficiarios; se ha financiado a partidos políticos… Hay que ir hacia medidas que fomenten la transparencia para restaurar la confianza, tanto en lo económico como en lo político.
Se necesitan medidas regulatorias más contundentes y evitar actuaciones que generan alarma social como la financiación ilegal de partidos, la amnistía social o que directivos imputados en entidades financieras puedan seguir al mando de estas. 40.000 millones de euros van a ir a sufragar la mala gestión de estos individuos. Necesitamos medidas ejemplarizantes porque hay sensación de impunidad. La lucha contra las malas prácticas debe encararse con decisión y dureza. Este factor es determinante para cambiar la cultura. También generar modelos de participación con las organizaciones implicadas en los procesos. Y transparencia.
Que las empresas publiquen los impactos sociales y medioambientales. Y luego hay que incentivar ciertas medidas para cambiar el modelo productivo. Es ridículo intentar competir con países con mano de obra barata, ni lo vamos a conseguir ni es el camino. Necesitamos políticas que persigan unos objetivos de competitividad sostenible y un modelo de empresa que aporte confianza a sus empleados y no esta sensación de eterna incertidumbre en que vivimos. Empresas que puedan competir en sectores de valor añadido. Inversión en educación. El Estado debe de concebir sus inversiones en función de su valor sostenible. No vamos a conseguir cambiar el modelo construyendo Eurovegas y cambiando la Ley de Costas. Esto podrá generar unos pocos empleos pero no va a generar un modelo sostenible ni de futuro.
Permítame una pregunta personal: ¿Qué le suponen a alguien vinculado a la RSC los últimos escándalos relacionados con la corrupción en España?
Desilusión y, tengo que confesar, desesperanza. Pero hay que sobreponerse. La RSC supone un cambio cultural profundo y la experiencia nos dice que estos tipos de cambios son largos y complicados, con avances y retrocesos. No tenemos que olvidar que al tiempo que se producen estas informaciones, que de ser ciertas, son tremendamente descorazonadoras, la RSC ha avanzado en algunos ámbitos en los últimos diez años. Hemos asistido a avances impensables hace 10 años como la aprobación de los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos o en los últimos días incluso se han producido acontecimientos históricos como el juicio en Holanda a la Shell por sus conductas en Nigeria.
Hay que seguir en esta línea.
escrito por Ramiro Feijoo
Fuente:diarioresponsable.com/